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pero del otro lado de la lógica de la vida del paladar siniestro del sueño el hambre del poeta colgaba de su trapecio un lamento castrado un bufón que ha de ser rey inmaculado astro de cristal hecha la noche su estado decretaba que entre el abismo, el deseo y la muerte no hubieran pactos ni máscaras ni honores resplandecientes, que hubieran danzas y tambores hasta que las entrañas del día reemplazaran tu cara tu nombre de vez en cuando tus palabras mías en la hoja que como una guillotina oxidada caían sobre el pasivo cuello de las horas hombres imaginarios se hundían y el hambre nos declaraba la guerra para mayor comodidad.
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